domingo, 16 de febrero de 2014

Sollozos en las tinieblas, un relato de Jorge Perales ilustrado por mi

En lo más hondo de la más espesa de las tinieblas, tras la bruma densa de la niebla. Debajo de las más lejanas montañas. En una fría y lúgubre caverna, yace acurrucado y abrazándose a sí mismo, entre grandes soledades y melancólicas tristezas, un ser desdichado que lloriquea y habla para sí mismo, pues no hay nadie más a quien hablarle: - ¿Por qué...? Snif... ¿¡Por qué!?. -Sollozó.

- Me crié feliz en mi ignorancia... pero a medida que crecí, todo aquel que quería o apreciaba, me temía.
Me llamaban monstruo por mis diferencias, me repudiaban, insultaban, humillaban e incluso agredían, para que no mantuviese contacto con ellos. Poco a poco todos sucumbían a lo que otros les decían, les convencían de mi maldad por no ser igual que ellos, e incluso las personas que más quería y más cercanas a mí, terminaron rechazándome, hasta que me forzaron al exilio.


Lleno de ira aprieta con fuerza sus dientes y colmillos, y da un golpe con el puño cerrado en la fría y dura roca. Y prosigue su historia para sí.

-Desde las sombras de su mundo feliz e igualitario, creado a expensas de la infelicidad de otros, veía como allí todos disfrutaban de la alegría que me era negada. Con el paso del tiempo enfurecí, y comencé a creer todas las cosas horribles que dijeron sobre mí.

Y  mientras decía esto desde sus ojos brotaban lágrimas que bañaban todo su rostro.

- Me convertí en lo que temían y odiaban... Ellos crearon a su temido monstruo... Pero desgraciadamente, el que seguía sufriendo era yo, y cuando me sacié, y mi rabia les hizo pagar por sus pecados hacia mí. Ellos se quejaban y lloraban como lloré yo antes, pero por su orgullo aunque me reconocían, les impedía ver su culpabilidad, y me responsabilizaron solo a mi de los padecimientos... yo no podía dar crédito a su hipocresía... pero al apaciguarme la culpa y la conciencia me atormentaron... Entonces huí tan lejos como pude para acallar mis remordimientos...


Y con los ojos inyectados en color sangre, contempló con amargura dónde, y lo solo que estaba, y sabiendo que la agonía de su corazón le rebasaría durante largo tiempo. Y se volvió a acurrucar para llorar, esperando encontrar algún día el sosiego que necesitaba su alma para vivir...


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Este gran relato que he ilustrado, y me ha encantado es de Jorge Perales, un colaborador del fancine Kalavera comic, al que participo junto con otros artistas del que pronto saldrá el número uno de su revista.

Enhorabuena por tus relatos Jorge Perales, y que sigas tan imaginativo.


© Jorge Perales  © Ana López Caro

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